El tiempo se detuvo de una forma angustiosa. El depredador se acercaba lentamente a su presa mientras seguia con su mano extendida liberando el conjuro. Cuando este llego saboreo lentamente la sangre del hada mientras le arrancaba el vestido azul. Su piel era blanca como la leche con estigmas verdosos a consecuencia de la caida.
Pero no obstante el tiempo y las cicatrices del aprendizaje no habian pasado en vano por el mago, esperó pacientemente a que se acerque mas. Sabia que a ellos les gustaba fornicar cadaveres recien sangrantes, y que en un fragmento de segundo las garras del ser ocuro no lo apuntarian; y en un forcejeo por acomodarla para empezar la faena, ese momento se dio. Solo bastó un pequeño murmuro del hechicero para que un tronco de arbol le golpee y se inserte en el pecho del ente, alejandola de la danzarina; mientras otro caia del cielo sobre su falo y un tercero se estrellaba muy lentamente contra su cara, haciendo caso omiso a los llantos de dolor y ruegos del espantoso ser.
Fue una sinfonia de dolor y gritos que en los ojos del mago era un viaje psicodelico multicolor. De inmediato se puso a danzar sobre los restos del cadaver, cantando una cancion que tenia siglos de antigüedad. Era feliz entre sangre y visceras, sin saber si era parte de su locura innata o cortesia de los frutos alucinógenos.
De repente entro en lucidez de nuevo, y vio a la pequeña hada desnuda, inconsciente y sin saber que tan cerca estuvo del infierno. Recogio un puñado de hojas y luego de susurrar un conjuro con los ojos cerrados, se formo una cama de hojas que flotaba a poca altura sobre el suelo. Cubrio a la danzarina con el vestidito azul y junto al girasol la coloco en la cama de hojas.
Fue una sinfonia de dolor y gritos que en los ojos del mago era un viaje psicodelico multicolor. De inmediato se puso a danzar sobre los restos del cadaver, cantando una cancion que tenia siglos de antigüedad. Era feliz entre sangre y visceras, sin saber si era parte de su locura innata o cortesia de los frutos alucinógenos.
De repente entro en lucidez de nuevo, y vio a la pequeña hada desnuda, inconsciente y sin saber que tan cerca estuvo del infierno. Recogio un puñado de hojas y luego de susurrar un conjuro con los ojos cerrados, se formo una cama de hojas que flotaba a poca altura sobre el suelo. Cubrio a la danzarina con el vestidito azul y junto al girasol la coloco en la cama de hojas.
La situacion era clara, la caida fue por el intento de escape del ente, ahora que pasaria. Comió otro fruto más para seguir en su euforia, plantó su vara en el suelo lleno de hojas y gritó un conjuro. De inmediato varias decenas de aves y pequeños mamíferos se acercaron formando una audiencia diversa, y empezaron a cantar un ritmo pegajoso. El brujo sonrió y comenzo su trabajo curativo.
El tiempo se detuvo de una forma angustiosa. El depredador se acercaba lentamente a su presa mientras seguia con su mano extendida liberando el conjuro. Cuando este llego saboreo lentamente la sangre del hada mientras le arrancaba el vestido azul. Su piel era blanca como la leche con estigmas verdosos a consecuencia de la caida.
Pero no obstante el tiempo y las cicatrices del aprendizaje no habian pasado en vano por el mago, esperó pacientemente a que se acerque mas. Sabia que a ellos les gustaba fornicar cadaveres recien sangrantes, y que en un fragmento de segundo las garras del ser ocuro no lo apuntarian; y en un forcejeo por acomodarla para empezar la faena, ese momento se dio. Solo bastó un pequeño murmuro del hechicero para que un tronco de arbol le golpee y se inserte en el pecho del ente, alejandola de la danzarina; mientras otro caia del cielo sobre su falo y un tercero se estrellaba muy lentamente contra su cara, haciendo caso omiso a los llantos de dolor y ruegos del espantoso ser.
Fue una sinfonia de dolor y gritos que en los ojos del mago era un viaje psicodelico multicolor. De inmediato se puso a danzar sobre los restos del cadaver, cantando una cancion que tenia siglos de antigüedad. Era feliz entre sangre y visceras, sin saber si era parte de su locura innata o cortesia de los frutos alucinógenos.
De repente entro en lucidez de nuevo, y vio a la pequeña hada desnuda, inconsciente y sin saber que tan cerca estuvo del infierno. Recogio un puñado de hojas y luego de susurrar un conjuro con los ojos cerrados, se formo una cama de hojas que flotaba a poca altura sobre el suelo. Cubrio a la danzarina con el vestidito azul y junto al girasol la coloco en la cama de hojas.
Fue una sinfonia de dolor y gritos que en los ojos del mago era un viaje psicodelico multicolor. De inmediato se puso a danzar sobre los restos del cadaver, cantando una cancion que tenia siglos de antigüedad. Era feliz entre sangre y visceras, sin saber si era parte de su locura innata o cortesia de los frutos alucinógenos.
De repente entro en lucidez de nuevo, y vio a la pequeña hada desnuda, inconsciente y sin saber que tan cerca estuvo del infierno. Recogio un puñado de hojas y luego de susurrar un conjuro con los ojos cerrados, se formo una cama de hojas que flotaba a poca altura sobre el suelo. Cubrio a la danzarina con el vestidito azul y junto al girasol la coloco en la cama de hojas.
La situacion era clara, la caida fue por el intento de escape del ente, ahora que pasaria. Comió otro fruto más para seguir en su euforia, plantó su vara en el suelo lleno de hojas y gritó un conjuro. De inmediato varias decenas de aves y pequeños mamiferos se acercaron formando una audiencia diversa, y empezaron a cantar un ritmo pegajoso. El brujo sonrió y comenzo su trabajo curativo.
Increíble tu relato!
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