miércoles, 30 de marzo de 2016

La Danzarina y el Girasol - Capitulo 8

Mientras seguía corriendo, más palidecía y sus fuerzas se agotaban rápidamente. Solo pensaba en poner a salvo a su regalo. Cuando de pronto algo detuvo sus pasos pegándolo al suelo como si fuera goma. Intentaba correr pero empezó a hundirse lentamente; había caído en una trampa de fango, de las que las historias contaban que nadie había salido. Tal vez por la hemorragia o tal vez por la incredulidad de su mala suerte, esbozó una sonrisa de resignación, y dejó de luchar. Gritar auxilio sería inútil, más bien atraería más bestias que lo despedazarían antes de hundirse. Talvéz fuera mejor que la agonía que estaba sufriendo. Mientras tanto en su estado, notó que la nube no se hundía, pero al intentar sostenerse de ella se volvía volátil y de consistencia gaseosa; como si no quisiera ayudarlo. Definitivamente no era su día, cuando alzó la vista a un árbol cercano, la poca sangre que le quedaba se congeló.
Desde una rama muy alta se hallaba una figura grande de un ave, con cara y pechos de mujer, tamaño de un hombre alto y una expresión de odio. Era una harpía, una bestia fantástica, muy temida por su crueldad y afición al sufrimiento de sus víctimas. El joven, con el fango hasta las rodillas, la vió de forma desafiante y se preparó para defender su doncella. La harpía bajó de su rama hasta el suelo, muy cerca del fango y examinó la situación. Lo rodeó lentamente y se detuvo a espectar el número macabro. Frente a él sus ojos intimidadores se fijaron en el girasol. Con su gran ala lo señaló,  a lo que el leñador comprendió lo que quería. Desató la cuerda que envolvía la nube y extendió el gran girasol hacia la bestia, suponiendo que ésta lo iba a sacar de ahí. Pero el ave-mujer le lanzó un grito fuerte y agarró con su garra izquierda la flor, mientras que con la otra le aventó una piedra, la misma que chocó contra su hombro izquierdo. Evidentemente no estaba dispuesta a ayudarlo, pero él nunca soltó el girasol. Se elevó la bestia con sus grandes alas y agarró la flor con sus dos garras, mientras del otro extremo el joven ya desfalleciente y con pocas fuerzas luchaba con lo que podía. Cuando ya estaba a punto de despegarse de su mano, y a punto de desmayarse, levantó lo que quedaba de su brazo destrozado y se apoyó del tallo del girasol; despegando de inmediato una luz muy fuerte de su extremidad. Del lado de la bestia los pétalos del girasol se acrecentaron envolviéndose en las garras, mientras que del otro extremo comenzó a regenerarse sobre el hueso expuesto del brazo, vasos, nervios, tendones y músculos se creaban en sincronía perfecta y a velocidad impresionante. En pocos momentos tuvo un brazo nuevo, y las fuerzas para seguir batallando. Dejó la impresión de lado y tomó el lazo de la nube lanzándolo hacia la harpía, con tanta suerte que se enredó en su cuello. Ahora la batalla de arrebatarle ese girasol era un salvataje indirecto para el leñador. Entre gritos y aullidos la harpía logró despegarlo del fango mientras continuaba luchando por liberarse, elevándose cada vez más. El joven continuaba fuertemente aferrado del tallo mientras con angustia veía que se alejaba más del suelo y de su preciada nube. Llegó a una altura por sobre el árbol más grande, divisando el bosque en su totalidad. Una vista privilegiada para un momento inapropiado.
No le quedaba otra oportunidad más que subir por la flor, hasta el monstruo y empezar a luchar contra ella. Llego al cuello y la envolvió con sus brazos con todas sus fuerzas. La lucha era tenaz hasta que la bestia cedió al esfuerzo del leñador y se desmayó en el aire. Comenzó la caída en picada, tan pesado como si fuera una roca con una velocidad cada vez más fuerte, y un tipo totalmente asustado viendo el suelo cada vez más cerca. El desenlace era inminente.



domingo, 27 de marzo de 2016

La Danzarina y el Girasol - Capitulo 7

El sol ya había salido, y el joven leñador caminaba rodeando el árbol caído, hacia su flor; cuando encontró una nube rodeando el girasol. Mas pudo su curiosidad que si temor y se acercó con su hacha para descubrir que era lo que albergaba en su interior. Tal vez un tesoro, una perla o algún objeto de valor, quien sabe. Al lanzar el hacha, sintió una suave resistencia como si fuera algodón; pero no lo traspaso. De repente la nube despidió el hacha muy lejos, con tanta fuerza que apenas pudo esquivarse el leñador. Se acercó de nuevo a la misteriosa nube, y se sentó a pensar en cómo descifrar el acertijo de lo que guardaba. Le dio varias vueltas, hasta que decidió tomar el girasol; y la nube empezó a abrirse lentamente, como si fuera una gran ostra.  No podía creer lo que se mostraba ante sus ojos cuando emergía el cuerpo de una dama rubia, recogida en posición fetal, con un vendaje de hojas en su espalda y un vestido azul cubriéndola. Era el ser más hermoso que había visto, sintió que su corazón latía más rápido y fuerte de lo normal; sentía que el sol besaba su cara y el viento le acariciaba los cabellos, se sentía enamorado de ese delicado ser de cristal.

La envolvió en su vestido azul, y pese a su cuidadoso movimiento ella seguía durmiendo plácidamente. Cuando la quiso levantar de su cama de nube, empezó a mostrar gestos de dolor, por lo que comprendió que algo allí la mantenía dormida y sin dolor. Decidió cubrirla con el otro fragmento de nube y atarle un cabo para jalarla sobre su hombro, olvidando la madera; después de todo no dejaba de pensar en la doncella que llevaba, muchísimo más valiosa que la leña y que sería suya en su humilde cabaña. El girasol lo colgó en su espalda, emprendiendo el viaje de vuelta a la aldea. Comprendía que desde ese momento seria blanco fácil de cualquier asesino natural que quiera su tesoro, así que se encomendó a sus dioses y siguió caminando.

Era un precioso día soleado en el bosque, y los árboles se mecían con el viento, pero esto no le importaba al hasta ahora, afortunado joven. En el camino pensaba en la cara que hubieran puesto sus padres al llegar a conocer a tan bella joven, si siguieron vivos; y en la fiesta de bodas que le habrían organizado en su pueblo natal, si los demonios de piedra no los hubiera aniquilado trágicamente por completo. Caminaba tan entusiasmado que no vio la rama del árbol que vino hacia su cara, golpeándolo y alejándolo de la nube. Se levantó como un resorte y raíces empezaron a salir de suelo para atraparlo, mientras una risa macabra se oía de fondo. Esquivó algunas pero eran demasiadas por lo que una de ellas lo alcanzó en el brazo. Protegió la nube con su cuerpo recibiendo varios latigazos y azotes de ramas; y comenzó a correr con todas sus fuerzas, tanto que su brazo se desgarró con músculos y vasos desatándose de la rama opresora. El dolor de ver su antebrazo con los tejidos abierto a manera de paraguas, con abundante sangre y fibras, era escondido por el susto de perder la vida o peor aún, su preciado tesoro. Siguió corriendo tropezando con piedras, pero sin caerse, siempre empujando y protegiendo su nube; hasta que logró alejarse de la zona de guerra donde se hallaba. No quería ver su brazo, o lo que quedaba de él, pero el sangrado era abundante y las fuerzas se le agotaban; y aún se hallaba lejos de su hogar.

jueves, 24 de marzo de 2016

La Danzarina y el Girasol - Capitulo 6

Siempre decía que el camino a casa era la tortura mas dulce, y aunque siempre llevaba consigo una historia nueva, una aventura fantástica o una cicatriz mas encima, prefería escuchar a su dueña sus malabares en su quehacer cotidiano, en su aventura diaria de mantenerse en pie.
Llevaba esta vez consigo leña para su hogar, y un par de aprendizajes que se le olvidarían en el camino. Había llegado la noche y una niebla espesa descendió sobre su camino. Al volver su vista hacia atrás, divisó a lo lejos el girasol en la copa del árbol. Volvería la noche siguiente. Aún se intrigaba en como una pequeña hada huía de un ser tan aberrante. El verla así con las heridas en la espalda lo transportaron al pasado cuando se topó con una imagen similar.
Viajó a su hogar y lo esperaba un aroma especial que lo enamoraba cada día. Su compañera lo abordó al entrar y empezó a contarle su día. Mientras el comía, seguía recordando cuando la vio por primera vez. La vida da unos giros inesperados, que rompen la monotonía lineal de lo predecible, y la vuelven interesante.

Mientras tanto, a cientos de kilometros de la casa del hechicero, entre la maleza del bosque se encontraba un leñador, joven y corpulento, que tenía por costumbre salir a cortar leña en la noche, cuando la luna le alumbraba. Estaba convencido que durante las noches de luna las bestias cazadoras estaban en su desenfrenado apareamiento y se olvidaban de la sangre, al menos de la humana. Adentrándose más en la profundidad de la niebla, su teoría se vio derrumbada cuando un gran felino lo observaba desde un árbol. Antes que pudiera reaccionar, este le salto encima hiriéndole en el brazo y tumbándolo por una ladera. 
Mientras caía logro desatarse del felino empujándolo contra una rocas donde se reventó estrepitosamente. Cuando dejo de rodar, el leñador chocó contra un cadáver de un ente espantoso destrozado con varios troncos incrustados en sus despojos. El susto fue tanto que se levanto estrepitosamente aterrado, topándose de espaldas contra un árbol precioso. Divisó hacia arriba y vió un girasol, lo que le llamó su atención mucho mas que el cadáver de un ente, o de su herida leve en el brazo. Lo rodeó, lo tocó y se alegró de que su suerte haya tomado un rumbo favorable, después de todo, no siempre se sobrevive a un ataque así y mejor aun, no se encuentra un árbol tan perfecto. Se aplicó un torniquete en el brazo, desenfundó su hacha de su bolso y empezó a trabajar feliz. Y así fue que le tomo la madrugada hasta el amanecer hasta que habiendo cortado el tronco, el árbol cayó pesadamente junto a los primeros rayos del sol, terminando de aplastar el cadáver del ente, y mostrando una nueva sorpresa para el joven. 


martes, 22 de marzo de 2016

La Danzarina y el Girasol - Capitulo 5

A varios cientos de kilometros del sitio donde un mago cortaba leña, una esbelta duquesa de las huestes infernales, con un delantal como armadura y una diadema adornada con un lirio, preparaba la cena. Era la compañera de vida del mago. Entre cantos y bailes creaba una obra de arte que enamoraria el paladar, y el corazón, de su dueño amado. Era un ritual que ella disfrutaba desde que dejó las comodidades de si realeza y se sumergió en la locura de este ser tan extraño.

Ella había nacido de los infiernos, donde la esperanza se apaga con los gritos de dolor y angustia de las almas; por lo que el sufrimiento humano no solo era parte de su vida, también lo disfrutaba. Primogénita de un monarca de los abismos, fue nombrada duquesa a temprana edad, y fue entrenada entre demonios de piedra para cazar mortales, demonios de fuego que le enseñaron las virtudes de la piromanía, y los de hielo que le mostraron ser fría de sentimiento y voluntad; era una promesa del Hades para abrasar el mundo de los hombres. Nunca mostró sentimientos de compasión o dolor, ni cuando se enteró que su madre humana fue devorada luego de alumbrarla, por el monstruo que la había ultrajado nueve meses antes. Era una máquina asesina que solo disfrutaba torturando almas impuras, surcando los cielos del Hades y cazando "seres con alma", como les decía a los humanos.
El motivo que un personaje asi pudiera albergar sentimiento tan dulces era la razon por la cual la vida siempre será un mosaico de sorpresas.

Fue pretendida por guerreros, generales, monarcas de los Thánatos y algunos osados reyes mortales; los mismos que perecían en el intento de conquistarla. Solo un guerrero muy bien parecido, comandante de las tropas infernales, valiente y muy prodigio estratega, de la estirpe de los colosos logró su cometido. Fue una treta muy inteligente: le propuso al Demonio padre, que retaba a su hija a una lucha en el coliseo. La idea era simple, si él vencía ella sería suya, y si ella vencía, él daría su vida en ofrenda. Ella aceptó el reto, pese a que sentía cierto agrado por el esbelto guerrero; y en su mente decidio perdonarle la vida cuando lo venza, para continuar las negociaciones. Y el combate inició.
Entes de todas las profundidades de los abismos, reyes y generales de las tropas se congregaron para tamaño espectáculo. Y no se decepcionaron, fue una batalla encarnizada y  violenta. Tanto que ningún espectador se movió durante las horas que duró.
Durante la batalla, el contendor se fijó que los ojos de ella brillaban con algo mas que emoción, y él se aprovechó de la situación. Empezó a ceder hasta el punto que ella lo doblegó en el suelo y puso su daga en su cuello. En el momento de ejecutarlo, ella desistió tal y cual como la había planeado; y se levanto mirando a su padre con júbilo; pero antes de ser proclamada vencedora, el guerrero se levantó inmediatamente y clavó con saña su daga en la espalda de la duquesa; y sin darle el mínimo tiempo de reacción la tumbó al suelo boca abajo. Le pisó la cabeza y frente a los ojos atónitos de los espectadores, empezó a cortarle las alas. Ella se retorcía entre gritos, invocando a su padre con su mirada y sintiendo algo nuevo para ella: el dolor. El demonio sentado en su trono, con expresión seria, se mantenía inmóvil en su postura, neutral externamente ante todos, mientras por dentro la angustia de su corazón le gritaba a ella que se levante, que luche. Todo esto mientras el galdiador continuaba su faena con una sonrisa sádica a vista y paciencia de todos los presentes. La sangre fluía a borbotones y esto le excitaba. Y así cortó tendones y desarticuló la union del ala con la escápula escuchandose un crujido que estremeció a todos. Hasta que luego de tanto sufrimiento, arrancó las alas con sus manos y alzándolas de forma triunfal lanzó un grito victorioso. Le propino un puntapié en el suelo volviéndola boca arriba, totalmente entregada, ya vencida y con lagrimas de sangre que brotaban de sus ojos entrecerrados. El gladiador se acercó al demonio en el trono, le lanzó las alas recién cortadas a sus pies y reclamó su trofeo de forma despótica y autoritaria. El monarca se levantó, le hizo una reverencia y le dió un anillo que le otorgaba la potestad y poder sobre su hija, ya vencida. Desde ese momento ella era dependiente de la voluntad de su conquistador, y éste era parte de la realeza; podia asistir a las reuniones, tomar desiciones menores, y comandar una tropa de guerreros mas especializada y grande que la que tenía.
Levantó su anillo triunfante pero nadie lo aclamó, la manera traidora de su victoria fue suficiente para que todos lo repudiaran. A él eso no le importaba, bajo hacia su trofeo, le colocó un grillete en el cuello y la jaló de las cadenas llevándosela para su morada temporal. Ella entre desfalleciendo descubrió un nuevo sentimiento: decepción. Nunca más surcaría los cielos, y nunca mas volvería a sonreir.

Mientras el humo de la cacerola se disolvia, la comida destilaba un aroma delicioso. Se tomaba su pausa para cantar al ritmo de las aves y suspirar un poco. La duda siempre era la misma: con que genio llegaría su amado brujo. En el fondo no le importaba, ella lo arreglaría con sus historias que le deleitaban. La noche ya se avecinaba.

domingo, 20 de marzo de 2016

La Danzarina y el Girasol - Capitulo 4

La tierra ya llevaba la mitad de su cuerpo sumergiendo en la tierra, y los gritos de auxilio de brujo eran opacados por las risas del arbol gigante. La deseperacion ya casi lo poseía, pero de nuevo los siglos de su existencia hicieron que se tranquilizara, y a su vez le dió tiempo para pensar.
Dejó de forcejear con las raices y cerró sus ojos. Con la mano que le quedaba libre sacó una larga pipa de su bolso y la puso en su boca. Esta se prendió de inmediato, y el mago se preparó a ser enterrado vivo. Las raices seguían haciendo su trabajo y cuando solo el rostro del mártir quedaba libre de tierra, respiró fuerte... y se lo tragó el suelo de un solo jalón.
El árbol dejó de reir, pero de pronto súbitamente del tronco empezó a hincharse su base, y las risas se convirtieron en aullidos de dolor. Empezó a romperse poco a poco mientras seguía dilatandose más y más. La sangre empezó a fluir por las grietas, y de repente se dió una explosión tan grande que se sintió hasta las llanuras, y el gigante cayó pesadamente por segunda ocasión, destilando sangre en todas partes. Dentro del tronco que quedaba en el suelo se hallaba el mago sentado envuelto en una burbuja de humo que salía de su pipa, moviendo sus cejas de arriba a abajo de manera burlona.
Mientras yacía el árbol en el suelo con gritos de agonía, procedió a quemar las dos partes antes que se vuelva a regenerar. Era un triunfo más que no lo vanagloriaba pero si lo hacía sentir mas vivo, y como era predecible se puso a danzar entre las visceras y pedazos de madera sangrante, celebrando su victoria. Ademas tendria su ansiada leña y su compañera no lo regañaría.
El bosque le traía mas sorpresas que lo que pensaba, pero no perdía su sentido del humor

Emprendió el camino a su casa, y decidió volver al dia siguiente a ver su paciente con su girasol.

viernes, 18 de marzo de 2016

La Danzarina y el Girasol - Capitulo 3

El brazo se encontraba partido en tres partes, por lo que los unio escuchando un crujido que aseguraba el exito de su trabajo. Luego empezo a cerrar la herida sangrante de la espalda. Tomò tiempo pero lo logro, cogio un acumulo de hojas y murmuro un hechizo colocandolos sobre la herida. Si sus cálculos no fallaban, en dos dias tendria nuevas alas. Sentia una regocijo extraño, pero satisfactorio. Lanzó otro bastonazo al piso y los animales huyeron, habia que esconderla de los depredadores. Asi que la elevó hasta la copa del árbol más alto, y alli la dejo cubierta con unas ramas.  Dejo una nube sobre ella para que la mantenga dormida y puso el girasol a su lado como señal de que seguía allí.

Comenzó su camino a casa donde la esperaba su amada, pero antes tenia que  realizar su tarea por la que había salido; recoger leña de un ceibo. Cuando lo encontó al robusto árbol, con su baston le dió dos golpes en la base y éste cayó pesadamente. Tendrìa leña para todo el año y esto le haria feliz a su compañera. Pero cuando iba a empezar a cortarlo en pedazos, vio que brotaba sangre de sus raices. Mucha sangre, como si fuera una gran herida humana. De inmediato su sorpresa se volviò espanto al ver que salían fragmentos de personas destrozadas. Extremidades diversas, cabezas, torsos y visceras en un mosaico brutal fluían al espacio que dejo el árbol caído. Y enseguida escuchó un grito ensordecedor seguido de una serie de crujidos provenientes del ceibo. Algo le decia que debia huir, pero su curiosidad era mas fuerte y se quedo frente  gigante. Cuando de repente se curvó hacia arriba, le salieron de las raices tentáculos de madera que se metieron en la fuente de sangre y empezaron a levantar el árbol de nuevo, a resembrarse de nuevo. Estaba vivo de nuevo.
Aunque su mente le gritaba que corra, su curiosidad fue mayor, en todos sus siglos jamas habia visto que un àrbol se reinserte solo, y peor tanta sangre del suelo.
De repente de la copa del gigante salieron ramas en forma de tentáculos hacia él. Comprendió que el árbol era canibal y que el sería su nueva presa.
Emprendió su huida mientras una lluvia de ramas como lanzas caían hacia él. El camino se puso empinado mientras el gigante lanzaba su ataque.
De pronto una raiz le alcanzó el tobillo, sintiendo uno de los dolores mas espectaculares de su vida; se enrolló y lo empezó a succionar hasta base de su tronco en una especie de arena movediza. Lenta y angustiosamente, las demás raices empezaron a envolverlo enterrandolo cada vez más entre gritos del hechicero. De fondo se escuchaba una risa macabra del ceibo disfrutando de antemano su alimento.

La Danzarina y el Girasol - Capitulo 2

El tiempo se detuvo de una forma angustiosa. El depredador se acercaba lentamente a su presa mientras seguia con su mano extendida liberando el conjuro. Cuando este llego saboreo lentamente la sangre del hada mientras le arrancaba el vestido azul. Su piel era blanca como la leche con estigmas verdosos a consecuencia de la caida.
Pero no obstante el tiempo y las cicatrices del aprendizaje no habian pasado en vano por el mago, esperó pacientemente a que se acerque mas. Sabia que a ellos les gustaba fornicar cadaveres recien sangrantes, y que en un fragmento de segundo las garras del ser ocuro no lo apuntarian; y en un forcejeo por acomodarla para empezar la faena, ese momento se dio. Solo bastó un pequeño murmuro del hechicero para que un tronco de arbol le golpee y se inserte en el pecho del ente, alejandola de la danzarina; mientras otro caia del cielo sobre su falo y un tercero se estrellaba muy lentamente contra su cara, haciendo caso omiso a los llantos de dolor y ruegos del espantoso ser.
Fue una sinfonia de dolor y gritos que en los ojos del mago era un viaje psicodelico multicolor. De inmediato se puso a danzar sobre los restos del cadaver, cantando una cancion que tenia siglos de antigüedad. Era feliz entre sangre y visceras, sin saber si era parte de su locura innata o cortesia de los frutos alucinógenos.
De repente entro en lucidez de nuevo, y vio a la pequeña hada desnuda, inconsciente y sin saber que tan cerca estuvo del infierno. Recogio un puñado de hojas y luego de susurrar un conjuro con los ojos cerrados, se formo una cama de hojas que flotaba a poca altura sobre el suelo. Cubrio a la danzarina con el vestidito azul y junto al girasol la coloco en la cama de hojas.
La situacion era clara, la caida fue por el intento de escape del ente, ahora que pasaria. Comió otro fruto más para seguir en su euforia, plantó su vara en el suelo lleno de hojas y gritó un conjuro. De inmediato varias decenas de aves y pequeños mamíferos se acercaron formando una audiencia diversa, y empezaron a cantar un ritmo pegajoso. El brujo sonrió y comenzo su trabajo curativo.
El tiempo se detuvo de una forma angustiosa. El depredador se acercaba lentamente a su presa mientras seguia con su mano extendida liberando el conjuro. Cuando este llego saboreo lentamente la sangre del hada mientras le arrancaba el vestido azul. Su piel era blanca como la leche con estigmas verdosos a consecuencia de la caida.
Pero no obstante el tiempo y las cicatrices del aprendizaje no habian pasado en vano por el mago, esperó pacientemente a que se acerque mas. Sabia que a ellos les gustaba fornicar cadaveres recien sangrantes, y que en un fragmento de segundo las garras del ser ocuro no lo apuntarian; y en un forcejeo por acomodarla para empezar la faena, ese momento se dio. Solo bastó un pequeño murmuro del hechicero para que un tronco de arbol le golpee y se inserte en el pecho del ente, alejandola de la danzarina; mientras otro caia del cielo sobre su falo y un tercero se estrellaba muy lentamente contra su cara, haciendo caso omiso a los llantos de dolor y ruegos del espantoso ser.
Fue una sinfonia de dolor y gritos que en los ojos del mago era un viaje psicodelico multicolor. De inmediato se puso a danzar sobre los restos del cadaver, cantando una cancion que tenia siglos de antigüedad. Era feliz entre sangre y visceras, sin saber si era parte de su locura innata o cortesia de los frutos alucinógenos.
De repente entro en lucidez de nuevo, y vio a la pequeña hada desnuda, inconsciente y sin saber que tan cerca estuvo del infierno. Recogio un puñado de hojas y luego de susurrar un conjuro con los ojos cerrados, se formo una cama de hojas que flotaba a poca altura sobre el suelo. Cubrio a la danzarina con el vestidito azul y junto al girasol la coloco en la cama de hojas.
La situacion era clara, la caida fue por el intento de escape del ente, ahora que pasaria. Comió otro fruto más para seguir en su euforia, plantó su vara en el suelo lleno de hojas y gritó un conjuro. De inmediato varias decenas de aves y pequeños mamiferos se acercaron formando una audiencia diversa, y empezaron a cantar un ritmo pegajoso. El brujo sonrió y comenzo su trabajo curativo.

La Danzarina y el Girasol - Capitulo 1

Su memoria tenia tantas paginas como libros en Alejandria, y al igual que esta, también se incendiaba a diario sin consumirse. Millones de días en sus rasgos y el el tiempo había dibujado las coordenadas de su paso sobre su humanidad. Aun caminaba mas por fe que por ganas. Había sentido todos los sentimientos conocidos por el hombre, amor, ira, decepción, alegría, y un sin fin de estados que aun se mantenían vivos en su memoria. Como curandero había errado entre varios mundos aprendiendo y sanando a quien le hubiera requerido. Conocía a la muerte, y la consideraba una vieja amiga. Había luchado tantas veces contra ella hasta que un día comprendió el error de su empresa. No se puede luchar con el futuro, al fin y al cabo solo somos polvo y sombras.
No creía en dioses a lo que todos les rezaban; hace tiempo había demostrado para si, que si existían tampoco los necesitaba. El respiro de alivio en un paciente luego de calmar su mal, le alegraba mas que ver un cadáver volver a respirar. Disfrutaba del silencio y de la noche. Sus demonios danzaban en su armonía.
Su compañera, su bella y leal súcuba, se hallaba junto a el durante todos estos siglos, siempre a su lado, cuidando que sus demonios internos se apoderen de el. Cada vez que ocurría, un baño de sangre se apoderaba de la aldea y solo ella era capaz de mantener ese equilibrio entre la cordura y el caos. Pero era muy celosa de su tesoro. Cuidaba que las harpías no le hechicen con sus malevolencias, que los sátiros no le embrutezcan con vino, que los centauros no lo dañen; y que ningún Titan o demonio extranjero logre volverlo parte de su colección de cráneos de brujo. La vida era complicada, mientras mas sabio también se volvía mas ingenuo, y esto lo hacia vulnerable a todo tipo de peligros, pero era feliz con su brujo. Ella lo cuidaba de todo, hasta de él mismo.
Pese a los siglos ella se mantenía joven, y contrastaba con su adorado, pero tenia un conjuro mortal sobre ella y eso no la podía sanar nadie.

Cierta tarde mientras el caminaba entre una aldea hostil, con habitantes que le cerraban las puertas a su paso tal vez por el miedo que le tenían; se adentro en una ladera y esta lo condujo al bosque. Un bosque maravilloso muy frondoso en el que los arboles daban frutos alucinógenos. Estos producían una toxina que podía descubrir el alma de los mortales a los ojos del que la consumía. Fue tentador pero no demoro mucho en probarlo. Y así fue como el bosque se volvió psicodelico, entre colores y sinestesias el empezó a bailar. Soltó su vara y mientras sonreía con sus ojos cerrados empezó a girar en su torno mientras danzaba. Sentía que era parte del bosque y este le correspondía.

De repente escucho un crujido y un golpe seco. Corrió a ver de donde venia, y vio a una figura pequeña del tamaño de su antebrazo, con forma de mujer. Se detuvo frente a ella. Cabellos rubios rizados, estructura fina y contornos delicados. Yacia sobre un piso lleno de hojas, boca abajo una pequeña hada, una danzarina, tendida inconsciente y con una lesión compatible con fractura de su brazo izquierdo y dos grandes heridas en su espalda, que mostraba que alguna vez hubieron un para de alas y que manchaba de sangre su vestido azul rasgado. Respiraba aun pero no daba buenas condiciones. A su lado había un girasol de vivos colores que ella sostenía con la punta de los dedos.
El no terminaba de descubrir si lo que veía era producto de una alucinación, o parte de la realidad fragmentada; cuando de los arboles cayo a pocos pasos otro ser. Este en cambio era alto, mas que el mismo hechicero; muy oscuro, grandes ojos blancos, cara espantosa, muy escuálido, dientes afilados, sialorreico con una sonrisa macabra y lasciviosa. Estaba desnudo mostrando su abultado miembro viril dispuesto a atacar. Sus manos como tenazas afiladas temblorosas y largas piernas acodadas como dispuesto a saltar. Sus múltiples tatuajes significaban conjuros y heridas de batallas, lo que evidenciaba su fortaleza y maldad. En cuestión de segundos cruzo su mirada con el atónito hechicero y extendió súbitamente su mano hacia él diciendo palabras incomprensibles.
El mago se paralizo de inmediato, y la voluntad de moverse se suspendió. Estaba tan quieto como un árbol o una piedra. El ser oscuro lo disfrutaba, y empezó a acercarse lentamente mientras continuaba extendida una mano hacia el mago y con la otra se acariciaba su virilidad preparándose para el festín que le esperaba bajo un vestido azul.