viernes, 18 de marzo de 2016

La Danzarina y el Girasol - Capitulo 3

El brazo se encontraba partido en tres partes, por lo que los unio escuchando un crujido que aseguraba el exito de su trabajo. Luego empezo a cerrar la herida sangrante de la espalda. Tomò tiempo pero lo logro, cogio un acumulo de hojas y murmuro un hechizo colocandolos sobre la herida. Si sus cálculos no fallaban, en dos dias tendria nuevas alas. Sentia una regocijo extraño, pero satisfactorio. Lanzó otro bastonazo al piso y los animales huyeron, habia que esconderla de los depredadores. Asi que la elevó hasta la copa del árbol más alto, y alli la dejo cubierta con unas ramas.  Dejo una nube sobre ella para que la mantenga dormida y puso el girasol a su lado como señal de que seguía allí.

Comenzó su camino a casa donde la esperaba su amada, pero antes tenia que  realizar su tarea por la que había salido; recoger leña de un ceibo. Cuando lo encontó al robusto árbol, con su baston le dió dos golpes en la base y éste cayó pesadamente. Tendrìa leña para todo el año y esto le haria feliz a su compañera. Pero cuando iba a empezar a cortarlo en pedazos, vio que brotaba sangre de sus raices. Mucha sangre, como si fuera una gran herida humana. De inmediato su sorpresa se volviò espanto al ver que salían fragmentos de personas destrozadas. Extremidades diversas, cabezas, torsos y visceras en un mosaico brutal fluían al espacio que dejo el árbol caído. Y enseguida escuchó un grito ensordecedor seguido de una serie de crujidos provenientes del ceibo. Algo le decia que debia huir, pero su curiosidad era mas fuerte y se quedo frente  gigante. Cuando de repente se curvó hacia arriba, le salieron de las raices tentáculos de madera que se metieron en la fuente de sangre y empezaron a levantar el árbol de nuevo, a resembrarse de nuevo. Estaba vivo de nuevo.
Aunque su mente le gritaba que corra, su curiosidad fue mayor, en todos sus siglos jamas habia visto que un àrbol se reinserte solo, y peor tanta sangre del suelo.
De repente de la copa del gigante salieron ramas en forma de tentáculos hacia él. Comprendió que el árbol era canibal y que el sería su nueva presa.
Emprendió su huida mientras una lluvia de ramas como lanzas caían hacia él. El camino se puso empinado mientras el gigante lanzaba su ataque.
De pronto una raiz le alcanzó el tobillo, sintiendo uno de los dolores mas espectaculares de su vida; se enrolló y lo empezó a succionar hasta base de su tronco en una especie de arena movediza. Lenta y angustiosamente, las demás raices empezaron a envolverlo enterrandolo cada vez más entre gritos del hechicero. De fondo se escuchaba una risa macabra del ceibo disfrutando de antemano su alimento.

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