domingo, 27 de marzo de 2016

La Danzarina y el Girasol - Capitulo 7

El sol ya había salido, y el joven leñador caminaba rodeando el árbol caído, hacia su flor; cuando encontró una nube rodeando el girasol. Mas pudo su curiosidad que si temor y se acercó con su hacha para descubrir que era lo que albergaba en su interior. Tal vez un tesoro, una perla o algún objeto de valor, quien sabe. Al lanzar el hacha, sintió una suave resistencia como si fuera algodón; pero no lo traspaso. De repente la nube despidió el hacha muy lejos, con tanta fuerza que apenas pudo esquivarse el leñador. Se acercó de nuevo a la misteriosa nube, y se sentó a pensar en cómo descifrar el acertijo de lo que guardaba. Le dio varias vueltas, hasta que decidió tomar el girasol; y la nube empezó a abrirse lentamente, como si fuera una gran ostra.  No podía creer lo que se mostraba ante sus ojos cuando emergía el cuerpo de una dama rubia, recogida en posición fetal, con un vendaje de hojas en su espalda y un vestido azul cubriéndola. Era el ser más hermoso que había visto, sintió que su corazón latía más rápido y fuerte de lo normal; sentía que el sol besaba su cara y el viento le acariciaba los cabellos, se sentía enamorado de ese delicado ser de cristal.

La envolvió en su vestido azul, y pese a su cuidadoso movimiento ella seguía durmiendo plácidamente. Cuando la quiso levantar de su cama de nube, empezó a mostrar gestos de dolor, por lo que comprendió que algo allí la mantenía dormida y sin dolor. Decidió cubrirla con el otro fragmento de nube y atarle un cabo para jalarla sobre su hombro, olvidando la madera; después de todo no dejaba de pensar en la doncella que llevaba, muchísimo más valiosa que la leña y que sería suya en su humilde cabaña. El girasol lo colgó en su espalda, emprendiendo el viaje de vuelta a la aldea. Comprendía que desde ese momento seria blanco fácil de cualquier asesino natural que quiera su tesoro, así que se encomendó a sus dioses y siguió caminando.

Era un precioso día soleado en el bosque, y los árboles se mecían con el viento, pero esto no le importaba al hasta ahora, afortunado joven. En el camino pensaba en la cara que hubieran puesto sus padres al llegar a conocer a tan bella joven, si siguieron vivos; y en la fiesta de bodas que le habrían organizado en su pueblo natal, si los demonios de piedra no los hubiera aniquilado trágicamente por completo. Caminaba tan entusiasmado que no vio la rama del árbol que vino hacia su cara, golpeándolo y alejándolo de la nube. Se levantó como un resorte y raíces empezaron a salir de suelo para atraparlo, mientras una risa macabra se oía de fondo. Esquivó algunas pero eran demasiadas por lo que una de ellas lo alcanzó en el brazo. Protegió la nube con su cuerpo recibiendo varios latigazos y azotes de ramas; y comenzó a correr con todas sus fuerzas, tanto que su brazo se desgarró con músculos y vasos desatándose de la rama opresora. El dolor de ver su antebrazo con los tejidos abierto a manera de paraguas, con abundante sangre y fibras, era escondido por el susto de perder la vida o peor aún, su preciado tesoro. Siguió corriendo tropezando con piedras, pero sin caerse, siempre empujando y protegiendo su nube; hasta que logró alejarse de la zona de guerra donde se hallaba. No quería ver su brazo, o lo que quedaba de él, pero el sangrado era abundante y las fuerzas se le agotaban; y aún se hallaba lejos de su hogar.

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