La tierra ya llevaba la mitad de su cuerpo sumergiendo en la tierra, y los gritos de auxilio de brujo eran opacados por las risas del arbol gigante. La deseperacion ya casi lo poseía, pero de nuevo los siglos de su existencia hicieron que se tranquilizara, y a su vez le dió tiempo para pensar.
Dejó de forcejear con las raices y cerró sus ojos. Con la mano que le quedaba libre sacó una larga pipa de su bolso y la puso en su boca. Esta se prendió de inmediato, y el mago se preparó a ser enterrado vivo. Las raices seguían haciendo su trabajo y cuando solo el rostro del mártir quedaba libre de tierra, respiró fuerte... y se lo tragó el suelo de un solo jalón.
El árbol dejó de reir, pero de pronto súbitamente del tronco empezó a hincharse su base, y las risas se convirtieron en aullidos de dolor. Empezó a romperse poco a poco mientras seguía dilatandose más y más. La sangre empezó a fluir por las grietas, y de repente se dió una explosión tan grande que se sintió hasta las llanuras, y el gigante cayó pesadamente por segunda ocasión, destilando sangre en todas partes. Dentro del tronco que quedaba en el suelo se hallaba el mago sentado envuelto en una burbuja de humo que salía de su pipa, moviendo sus cejas de arriba a abajo de manera burlona.
Mientras yacía el árbol en el suelo con gritos de agonía, procedió a quemar las dos partes antes que se vuelva a regenerar. Era un triunfo más que no lo vanagloriaba pero si lo hacía sentir mas vivo, y como era predecible se puso a danzar entre las visceras y pedazos de madera sangrante, celebrando su victoria. Ademas tendria su ansiada leña y su compañera no lo regañaría.
El bosque le traía mas sorpresas que lo que pensaba, pero no perdía su sentido del humor
Emprendió el camino a su casa, y decidió volver al dia siguiente a ver su paciente con su girasol.
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