lunes, 6 de junio de 2016

La Danzarina y el Girasol - Capitulo 14

Bajo el gran arco de piedra blanca con una inscripción de "Aquí muere todo lo Santo", se hallaba sentado el Hechicero fumando su pipa, junto a un mayordomo de piel roja y de ropas coloridas; bajo su enorme paraguas. Lo miró de reojo y aspiró su pipa expirando el humo en gran cantidad; tratando de controlar sus emociones.

Quién era en realidad, de donde provenía o el porqué había escogido su estilo de vida no era parte de la historia, solo que cierta tarde de invierno, en una aldea muy lejana, en la tierra de los hombres de piel oscura; se hallaba frente a uno de los casos más espectaculares de su vida. Un rey cuyo primogénito de 8 años padecía de tumores crecientes en su cara, desfigurándolo y dificultándole la respiración. Dado que era el único heredero, y que cada médico o sabio que había buscado la cura había fracasado; fue llamado ante la corte. El mago lo supuso al momento: sabía que lo aquejaba, pero la cura era mas dolorosa que el mismo mal. Así que frente a toda la corte, los hechiceros y médicos reales, se acercó al chico y sacó su daga de si cinturón. Todos se alarmaron y los guardias desenfundaron sus espadas; pero el rey le ordenó que le dejen proceder. Después de todo, no había mucho que perder, luego de tanto sufrimiento y agonía de su hijo. Tal vez la muerte sea la cura; pero por ahora le interesaba que haría el hechicero. Hundió su daga en el cuello haciéndole una traqueostomía. En ese momento de la herida empezó a destilar un liquido viscoso que no era sangre. Era negro como la brea. Mientras en niño, sintiendo que el aire llegaba de nuevo a su alma, abrió su boca y realizó un vomito negruzco abundante. Entre es caos el mago lo miró fijamente al niño y de repente soltó una carcajada sonora, frente al desconcierto de todos. La razón era sencilla: estaba envenenado por un fruto que crece en las montañas parecido a una cereza. Vendó su rostro, le dio sus brebajes magistrales y le aseguró que en ocho dias después que expulse el veneno, estará sano de nuevo. Le intrigaba como había llegado a ingerir ese fruto letal. Era tan extraño y exclusivo que solo los demonios y los titanes los cultivaban para si en sitios casi inaccesibles, por lo que era imposible que una persona de las llanuras se tope con algo así. 

Esperó pacientemente que el niño pueda hablar, y  luego de dos semanas, éste estuvo listo para decirle donde las consiguió. El rey lo dotó de un gran caballo , y una escolta de 20 de sus legionarios reales, para que lo protejan a él y a su vástago. Partieron por la mañana, antes que el alba asome; y se dirigieron a las colinas más altas, donde crecen los árboles mas extraños y deformes. Rocas en formas de picos con humo que sobresalía del piso adornaban un camino largo y penoso. Cabalgaron todo el día, y al brillar el sol en todo su esplendor, con asombro del mago y sus acompañantes, vieron como el niño les señalaba un pequeño huerto, escondido en unos matorrales; tan bien cuidados como si hubiera sido de un grandioso granjero. Perfectamente alineados habían hortalizas gigantes, palmas tan altas como edificios y en una esquina, el mortal fruto con forma de cereza. Detrás vieron una casa típica de campo, con ladrillos blancos, puerta de madera, y chimenea apagada. Un camino empedrado les daba la bienvenida. 

Caminaban lentamente cuando sus cabezas empezaron a rodar sin que se hayan dado cuenta. 5 cayeron decapitados, 5 fueron partidos por la mitad. Algo o alguien con una velocidad increíble los mato sin que sepan que sucedió. El mago levantó su bastón y empezó a girarlo en su alrededor extendiéndolo a manera de hélice, creando un remolino. El pequeño abrazó al Mago y todos los demás se cobijaron bajo su protección. Y ahí fue cuando la vio por primera vez. 

Frente se hallaba una figura con forma de mujer, con cabellos largos y rizados en sus puntas, ojos cafés oscuros, muy cansados pero con una furia expresa. Labios finos, con hematomas y heridas de sangre. Delgada, curvas exuberantes, piel roja como el carmín, y varias lesiones en sus brazos y piernas, que sugerían haber pasado por una lucha muy fuerte. Con sus manos sostenía una espada ensangrentada, con restos de cabellos de los decapitados. Frente a el Hechicero se hallaba la muerte en su forma mas bella. Él sintió que una brisa rozaba sus mejillas y de pronto el caos de sangre, muerte y cadáveres que lo rodeaba era solo una jardín de rosas rojas. Dejó de mover su bastón, y no le importó ver como entre gritos y aullidos, asesinaba al resto de los soldados. Sólo quería verla a ella. La delicadeza con la que blandía su espada, y su desenfreno manifiesto al romper los cráneos con sus manos lo dejaron estupefacto. No tuvo reparo en dar un paso al costado, protegiendo al pequeño príncipe y admirarla lentamente en esa masacre. Sentía algo que jamás había sentido en su corazón. Cuando terminó con sus víctimas, la demonio fijó sus ojos en tipo del bastón, y barba blanca; que se hallaba sonriendo nervioso extendiéndole una flor como regalo. Y justo cuando se iba a lanzar sobre él, cayó fulminada inconsciente; en un profundo sueño. El mago se apresuró a auxiliarla, comprobó su respiración y signos vitales. La tomó entre sus brazos y la metió en la casa de la granja escondida. Estaba en franca agonía...

A esta altura de su relato, alzó la mirada al cielo y contempló las nubes llorando un pertinaz aguacero, y soltó un gran suspiro. Mientras tanto a varios kilómetros de allí, un leñador se huía de su final.