martes, 22 de marzo de 2016

La Danzarina y el Girasol - Capitulo 5

A varios cientos de kilometros del sitio donde un mago cortaba leña, una esbelta duquesa de las huestes infernales, con un delantal como armadura y una diadema adornada con un lirio, preparaba la cena. Era la compañera de vida del mago. Entre cantos y bailes creaba una obra de arte que enamoraria el paladar, y el corazón, de su dueño amado. Era un ritual que ella disfrutaba desde que dejó las comodidades de si realeza y se sumergió en la locura de este ser tan extraño.

Ella había nacido de los infiernos, donde la esperanza se apaga con los gritos de dolor y angustia de las almas; por lo que el sufrimiento humano no solo era parte de su vida, también lo disfrutaba. Primogénita de un monarca de los abismos, fue nombrada duquesa a temprana edad, y fue entrenada entre demonios de piedra para cazar mortales, demonios de fuego que le enseñaron las virtudes de la piromanía, y los de hielo que le mostraron ser fría de sentimiento y voluntad; era una promesa del Hades para abrasar el mundo de los hombres. Nunca mostró sentimientos de compasión o dolor, ni cuando se enteró que su madre humana fue devorada luego de alumbrarla, por el monstruo que la había ultrajado nueve meses antes. Era una máquina asesina que solo disfrutaba torturando almas impuras, surcando los cielos del Hades y cazando "seres con alma", como les decía a los humanos.
El motivo que un personaje asi pudiera albergar sentimiento tan dulces era la razon por la cual la vida siempre será un mosaico de sorpresas.

Fue pretendida por guerreros, generales, monarcas de los Thánatos y algunos osados reyes mortales; los mismos que perecían en el intento de conquistarla. Solo un guerrero muy bien parecido, comandante de las tropas infernales, valiente y muy prodigio estratega, de la estirpe de los colosos logró su cometido. Fue una treta muy inteligente: le propuso al Demonio padre, que retaba a su hija a una lucha en el coliseo. La idea era simple, si él vencía ella sería suya, y si ella vencía, él daría su vida en ofrenda. Ella aceptó el reto, pese a que sentía cierto agrado por el esbelto guerrero; y en su mente decidio perdonarle la vida cuando lo venza, para continuar las negociaciones. Y el combate inició.
Entes de todas las profundidades de los abismos, reyes y generales de las tropas se congregaron para tamaño espectáculo. Y no se decepcionaron, fue una batalla encarnizada y  violenta. Tanto que ningún espectador se movió durante las horas que duró.
Durante la batalla, el contendor se fijó que los ojos de ella brillaban con algo mas que emoción, y él se aprovechó de la situación. Empezó a ceder hasta el punto que ella lo doblegó en el suelo y puso su daga en su cuello. En el momento de ejecutarlo, ella desistió tal y cual como la había planeado; y se levanto mirando a su padre con júbilo; pero antes de ser proclamada vencedora, el guerrero se levantó inmediatamente y clavó con saña su daga en la espalda de la duquesa; y sin darle el mínimo tiempo de reacción la tumbó al suelo boca abajo. Le pisó la cabeza y frente a los ojos atónitos de los espectadores, empezó a cortarle las alas. Ella se retorcía entre gritos, invocando a su padre con su mirada y sintiendo algo nuevo para ella: el dolor. El demonio sentado en su trono, con expresión seria, se mantenía inmóvil en su postura, neutral externamente ante todos, mientras por dentro la angustia de su corazón le gritaba a ella que se levante, que luche. Todo esto mientras el galdiador continuaba su faena con una sonrisa sádica a vista y paciencia de todos los presentes. La sangre fluía a borbotones y esto le excitaba. Y así cortó tendones y desarticuló la union del ala con la escápula escuchandose un crujido que estremeció a todos. Hasta que luego de tanto sufrimiento, arrancó las alas con sus manos y alzándolas de forma triunfal lanzó un grito victorioso. Le propino un puntapié en el suelo volviéndola boca arriba, totalmente entregada, ya vencida y con lagrimas de sangre que brotaban de sus ojos entrecerrados. El gladiador se acercó al demonio en el trono, le lanzó las alas recién cortadas a sus pies y reclamó su trofeo de forma despótica y autoritaria. El monarca se levantó, le hizo una reverencia y le dió un anillo que le otorgaba la potestad y poder sobre su hija, ya vencida. Desde ese momento ella era dependiente de la voluntad de su conquistador, y éste era parte de la realeza; podia asistir a las reuniones, tomar desiciones menores, y comandar una tropa de guerreros mas especializada y grande que la que tenía.
Levantó su anillo triunfante pero nadie lo aclamó, la manera traidora de su victoria fue suficiente para que todos lo repudiaran. A él eso no le importaba, bajo hacia su trofeo, le colocó un grillete en el cuello y la jaló de las cadenas llevándosela para su morada temporal. Ella entre desfalleciendo descubrió un nuevo sentimiento: decepción. Nunca más surcaría los cielos, y nunca mas volvería a sonreir.

Mientras el humo de la cacerola se disolvia, la comida destilaba un aroma delicioso. Se tomaba su pausa para cantar al ritmo de las aves y suspirar un poco. La duda siempre era la misma: con que genio llegaría su amado brujo. En el fondo no le importaba, ella lo arreglaría con sus historias que le deleitaban. La noche ya se avecinaba.

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