Fragmentos de la Imaginacion
Escritos de un medico errante
lunes, 4 de julio de 2016
La Danzarina y el Girasol - Capitulo 15
lunes, 6 de junio de 2016
La Danzarina y el Girasol - Capitulo 14
Quién era en realidad, de donde provenía o el porqué había escogido su estilo de vida no era parte de la historia, solo que cierta tarde de invierno, en una aldea muy lejana, en la tierra de los hombres de piel oscura; se hallaba frente a uno de los casos más espectaculares de su vida. Un rey cuyo primogénito de 8 años padecía de tumores crecientes en su cara, desfigurándolo y dificultándole la respiración. Dado que era el único heredero, y que cada médico o sabio que había buscado la cura había fracasado; fue llamado ante la corte. El mago lo supuso al momento: sabía que lo aquejaba, pero la cura era mas dolorosa que el mismo mal. Así que frente a toda la corte, los hechiceros y médicos reales, se acercó al chico y sacó su daga de si cinturón. Todos se alarmaron y los guardias desenfundaron sus espadas; pero el rey le ordenó que le dejen proceder. Después de todo, no había mucho que perder, luego de tanto sufrimiento y agonía de su hijo. Tal vez la muerte sea la cura; pero por ahora le interesaba que haría el hechicero. Hundió su daga en el cuello haciéndole una traqueostomía. En ese momento de la herida empezó a destilar un liquido viscoso que no era sangre. Era negro como la brea. Mientras en niño, sintiendo que el aire llegaba de nuevo a su alma, abrió su boca y realizó un vomito negruzco abundante. Entre es caos el mago lo miró fijamente al niño y de repente soltó una carcajada sonora, frente al desconcierto de todos. La razón era sencilla: estaba envenenado por un fruto que crece en las montañas parecido a una cereza. Vendó su rostro, le dio sus brebajes magistrales y le aseguró que en ocho dias después que expulse el veneno, estará sano de nuevo. Le intrigaba como había llegado a ingerir ese fruto letal. Era tan extraño y exclusivo que solo los demonios y los titanes los cultivaban para si en sitios casi inaccesibles, por lo que era imposible que una persona de las llanuras se tope con algo así.
Esperó pacientemente que el niño pueda hablar, y luego de dos semanas, éste estuvo listo para decirle donde las consiguió. El rey lo dotó de un gran caballo , y una escolta de 20 de sus legionarios reales, para que lo protejan a él y a su vástago. Partieron por la mañana, antes que el alba asome; y se dirigieron a las colinas más altas, donde crecen los árboles mas extraños y deformes. Rocas en formas de picos con humo que sobresalía del piso adornaban un camino largo y penoso. Cabalgaron todo el día, y al brillar el sol en todo su esplendor, con asombro del mago y sus acompañantes, vieron como el niño les señalaba un pequeño huerto, escondido en unos matorrales; tan bien cuidados como si hubiera sido de un grandioso granjero. Perfectamente alineados habían hortalizas gigantes, palmas tan altas como edificios y en una esquina, el mortal fruto con forma de cereza. Detrás vieron una casa típica de campo, con ladrillos blancos, puerta de madera, y chimenea apagada. Un camino empedrado les daba la bienvenida.
Caminaban lentamente cuando sus cabezas empezaron a rodar sin que se hayan dado cuenta. 5 cayeron decapitados, 5 fueron partidos por la mitad. Algo o alguien con una velocidad increíble los mato sin que sepan que sucedió. El mago levantó su bastón y empezó a girarlo en su alrededor extendiéndolo a manera de hélice, creando un remolino. El pequeño abrazó al Mago y todos los demás se cobijaron bajo su protección. Y ahí fue cuando la vio por primera vez.
Frente se hallaba una figura con forma de mujer, con cabellos largos y rizados en sus puntas, ojos cafés oscuros, muy cansados pero con una furia expresa. Labios finos, con hematomas y heridas de sangre. Delgada, curvas exuberantes, piel roja como el carmín, y varias lesiones en sus brazos y piernas, que sugerían haber pasado por una lucha muy fuerte. Con sus manos sostenía una espada ensangrentada, con restos de cabellos de los decapitados. Frente a el Hechicero se hallaba la muerte en su forma mas bella. Él sintió que una brisa rozaba sus mejillas y de pronto el caos de sangre, muerte y cadáveres que lo rodeaba era solo una jardín de rosas rojas. Dejó de mover su bastón, y no le importó ver como entre gritos y aullidos, asesinaba al resto de los soldados. Sólo quería verla a ella. La delicadeza con la que blandía su espada, y su desenfreno manifiesto al romper los cráneos con sus manos lo dejaron estupefacto. No tuvo reparo en dar un paso al costado, protegiendo al pequeño príncipe y admirarla lentamente en esa masacre. Sentía algo que jamás había sentido en su corazón. Cuando terminó con sus víctimas, la demonio fijó sus ojos en tipo del bastón, y barba blanca; que se hallaba sonriendo nervioso extendiéndole una flor como regalo. Y justo cuando se iba a lanzar sobre él, cayó fulminada inconsciente; en un profundo sueño. El mago se apresuró a auxiliarla, comprobó su respiración y signos vitales. La tomó entre sus brazos y la metió en la casa de la granja escondida. Estaba en franca agonía...
A esta altura de su relato, alzó la mirada al cielo y contempló las nubes llorando un pertinaz aguacero, y soltó un gran suspiro. Mientras tanto a varios kilómetros de allí, un leñador se huía de su final.
viernes, 15 de abril de 2016
La Danzarina y el Girasol - Capitulo 13
Mientras más lejos volaba, algo en su pecho le decía que su amado estaría bien; pero la realidad de su mente era más pesimista. Logró elevarse por sobre los árboles, mientras el sol en todo su esplendor le pegaba sus rayos en el rostro. Temía que algún centinela termine el trabajo que el depredador no había concluido, pero ya estaba su suerte echada. De pronto su pesadilla se volvió realidad de nuevo, y sus delicadas alas se paralizaron en el aire. Lo último que alcanzó a ver fue la figura del asesino sobresaliendo su mano sobre la copa de un árbol. Se preparó para la caída inminente, y solo pudo cerrar sus ojos. De ahí solo la oscuridad y el silencio.
Ahora yacía dentro de una nube flotando sobre el fango. Desconocía que un hechicero había vengado a su amado, que la bestia cazadora había sido ajusticiada, y que ahora era la obsesión de un leñador en peligro. Solo dormía plácidamente, en medio de la pertinaz lluvia.
jueves, 14 de abril de 2016
La Danzarina y el Girasol - Capitulo 12
El plan era sencillo: aprovecharse de la confianza que le tenían para invitarlo a un sitio donde supuestamente abundaba el polen, y una vez lejos llevarlo a donde los entes horribles cazan para asumir que fue un desafortunado accidente. Y así fue que junto a dos abejas cómplices lograron convencerlo, y llevarlo al sitio en cuestión. Solo que no contaba con que la víctima fuera el propio Príncipe. El espectáculo fue aterrador, el festín fue tal, que las vísceras de éste llegaron hasta la copa de los árboles y los gritos ensordecedores de las abejas fue tragado por el bosque. De los dos cómplices solo uno llegó vivo a la aldea, rescatado por el músico mientras se devoraban a los otros. Al llegar a la aldea, frente a todos los habitantes acusó al músico alado de tenderles una trampa, de preparar esta estratagema nefasta. Por mantener la paz, decidieron castigar al joven, pese a que a nadie les convenció el discurso del abejorro. La sentencia era la muerte.
miércoles, 13 de abril de 2016
La Danzarina y el Girasol - Capitulo 11
Salió el brujo, en dirección de la puerta de entrada, muy molesto, mientras el gran gigante con piel color de arcilla sonreía maliciosamente. Era su naturaleza pagar un bien con un mal, en este caso incomodando a su invitado. Volvió a su postura natural de contemplar esa jaula suspendida sobre el mar de fuego, con su prisionero mutilado en agonía constante.
El mayordomo que le había recibido lo acompañó a la salida, pero antes le detuvo y le miró muy fijamente a los ojos. Se armó de valor y a quemarropa le preguntó al mago sobre aquel incidente, comprometiéndose a compensarle como lo requiera por tres ocasiones durante toda su existencia. Era sabido por el hechicero que ellos tenían acceso a conjuros que él no podía llegar, y que su esposa pese a poder hacerlos, había hecho un voto sagrado de no usarlos jamás; y también era algo inviolable para ellos. Romper un juramento equivaldría a su muerte, aunque nunca había visto morir a ninguno de su especie.
La razón de la curiosidad del servil era por el hermetismo del Maestre en explicar el porque hacía esto muchísimos años ya, sin cambiar su rutina. Solo se mantenía entretenido en el sufrimiento de aquel desdichado. El mago cambió si expresión a una más tranquila, y lo invitó a la entrada del palacio. Tomó su vara y luego de dos golpecitos se extendió un gran paraguas transparente, cubriéndolos a ambos del torrencial aguacero que continuaba afuera. Se sentaron en la escalera de la entrada bajo el paraguas y el mago lanzó un triste suspiro antes de empezar su relato.
martes, 12 de abril de 2016
La Danzarina y el Girasol - Capitulo 10
El hechicero estaba convencido que aquellos seres no eran demonios, sinó una raza diferente de humanos, deformada por los siglos y evolucionada con grandes alas; que creían descender del cielo luego de una lluvia de estrellas, y que esperaban varios miles de años su batalla final con los colosos alados llamados ángeles. Como no había registro de la existencia de estos gigantes alados, pensaba que era parte de su folclore ancestral pasado de generación en generación. Pero después de todo, quién era él para hacerles "entender" la realidad, pensaba entre sí. No se pueden cambiar miles de años de tradiciones por un loco con una teoría revolucionaria. Además su trabajo no era cuestionar creencias, sino curar.
Las puertas se abrieron y se mostró un palacio esplendoroso, con cientos de antorchas a los lados a manera de camino, un techo con millones de figuras pintadas a tamaño real, gestando sangrientas batallas exaltando de nuevo a su morador; a los lados varios cuadros gigantes con lienzos exquisitos; jarrones de porcelana con inscripciones de lenguas desconocida. Una lámpara adornada por cráneos trepanados, y cortinas de seda de colores vivos. Una alfombra color vino se extendía bajo sus pasos. Pese a encontrarse dentro de un volcán, se encontraba fresco y muy elegante. Un ser muy delgado con finas ropas y de piel rojiza oscura lo recibió con una reverencia, y lo invitó a seguirlo. Mientras caminaban charlaban muy amenamente sobre la vida, sus aventuras y al final sobre los síntomas del habitante de ese palacio. Cuando llegaron a la habitación principal, se hallaba dándoles la espalda, frente a un balcón con vista a un mar de lava ardiente, y con mirada apesadumbrada, un ser ocho o diez veces más grande que el hechicero, de piel del color de la arcilla, con su cráneo rapado totalmente adornado de cientos de tatuajes, colmillos inferiores sobresalientes, barba prominente con varias trenzas en su final, similar a un vikingo ancestral; cuello adornado con un gran collar de cráneos, una gran toga cubría su gran torso, dejando descubiertos sus corpulentos brazos, marcados con grandes tatuajes. Sus manos eran dos garras con grandes garfios como uñas, y cada dedo mostraba un anillo con forma de corona. Varias cicatrices cruzaban sus bíceps. A partir de sus rodillas se conectaban con dos pantorrillas y pies de oro, a manera de prótesis, perfectamente acoplados en proporción corporal y función, con múltiples engranajes que le permitían movimiento a su voluntad. Una obra maestra de la ingeniería. Se encontraba sentado en un gran trono rodeado de cojines púrpuras. A su derecha una mesa alta con una bandeja de frutas extrañas, las mismas que le servían de alimento. Se encontraba inmóvil mirando al balcón, fumando una gran pipa que emanaba un humo a manera de neblina. El gigante se hallaba esperándolo, sin embargo no se inmutaría a un mortal, por más genio que sea (o que lo necesitara).
El mago se encontraba en la puerta, y cuando el tipo de piel rojiza lo iba a presentar, éste lo detuvo con su mano. Con una sonrisa burlona permaneció parado en espera algún tipo de bienvenida, después de todo lo habían invocado. Los segundos pasaron, y se volvieron minutos, sin ninguna respuesta de ninguna de las dos partes. De pronto el gran monstruo lanzó un rugido que rompió el silencio, y se giró hacia el hechicero mirándolo con sus ojos de infierno. Por su parte el hechicero, sintiéndose ganador, continuó sonriente, y se acercó al monumental ser. Se sentó frente a él y empezó su trabajo. Éste le regaló una sonrisa en premio a su valentía, y le invitó a beber una gran copa de vino. Empezó a contarle sus males, sus dolores, y su constante pesadilla que le aquejaba ya varias noches:
Del cielo caía un estrella de fuego, y que a medida de que se acercaba al suelo se volvía cada vez más pequeña, volviéndose una gota de rocío, y que iba a para a las manos del mago. Éste la colocaba en una urna de cristal. Las sombras la rodeaban y una gran bestia de repente aparecía súbitamente, saltando sobre el mago y destrozándolo en miles de fragmentos de sangre. Luego recogía los pedazos y llorando se inmolaba en el fuego. Y nada más, despertaba siempre con la sensación de haber estado allí.
El mago le llamó la atención el sentimiento con que manifestaba su pesadilla. Pero lo decidió apuntar en su libro por más incongruente que le parecía. Decidió darle indicaciones sobre que tomar para sus males y lo vería en quince dias. Muy cortésmente se levantó, hizo una reverencia y procedió a retirarse, a lo que el gigante le tomó el hombro y le señaló el balcón que tan fijamente estaba mirando. La habitual sonrisa del mago cambió de inmediato y se tornó seria. Frente al balcón, sobre un mar de lava, se hallaba una jaula de hierro colgando de un arnés. En su interior se hallaba un demonio del tamaño de un hombre grande, totalmente mutilado, sin ojos, cortadas ambas alas, amputados brazo y pierna izquierdos; sentado con su cabeza inclinada lamentando en voz baja su martirio. El mago se acercó al balcón, y al verlo sintió una furia que hace muchos años no habia sentido. Lanzó un escupitajo a la lava y se fue de la habitación. Afuera llovía pero no caía sobre el cráter del volcán, el calor la volvía vapor a la lluvia.
jueves, 7 de abril de 2016
La Danzarina y el Girasol - Capitulo 9
Abrió los ojos desorientado, confundido, e intentó moverse sin éxito. No recordaba donde estaba ni que había ocurrido, hasta que como un relámpago por su mente cruzo la imagen de la caída vertiginosa al suelo. Se estremeció de inmediato y se levantó súbitamente de donde se encontraba; perdiendo el equilibrio y cayendo a una altura de medio metro, sobre una piso amortiguado con hojas. Seguía sin entender lo sucedido, hasta que del suelo, boca abajo como había quedado, miró al frente y se encontró con la harpía recostada en un charco de sangre; a pocos pasos de donde se hallaba. Una lanza le atravesaba el cuello y sus ojos seguían abiertos, con una expresión de horror única, plasmada como despedida a la eternidad en la cara de la bestia. Pensó en levantarse, pero el miedo se apodero de su voluntad cuando sintió pasos detrás de él, como si alguien corriera sobre el piso de hojas. Alzó la mirada y vio el techo de una carpa grande de vivos colores, con un atrapasueños colgando sobre su cabeza, a su alrededor un gran espejo, un mueble de madera muy bien labrado con un cráneo disecado en una urna de cristal, una alfombra mas allá, y varias lanzas parecidas a la de la harpía, todas juntas en una gran urna. Y continuó rodeando el sitio con su mirada, sin levantarse, hasta que se chocó con la mirada de unos ojos azules que lo observaban atentamente. Estaba de acuclillada sobre una roca que se hallaba bajo la carpa, con una lanza en su mano; mostraba aproximadamente 20 años, alta, cabello castaño oscuro con rizos en forma de torbellino, piel morena, nariz pequeña y delicados labios. Contextura delgada con un cinturón de cráneos pequeños sobre sus anchas caderas, y su vestido en forma de armadura dejaba sus largas piernas al descubierto. La presencia de una mujer así, con su físico hubiera estimulado normalmente cualquier deseo visceral, pero por el contrario, al leñador el pánico lo tenía paralizado. Recordó los relatos de sus abuelos sobre el pueblo de gente pequeña que habitaba en el bosque, y de como tuvieron un final espantoso.
Había caído el invierno en su aldea y decidieron esconderse bajo las setas y hongos de un gran árbol, sin saber que eran parte del jardín privado de uno de los Árboles Come-humanos. Pero al arrancar uno y usarlo como techo para la evitar la nieve, desataron la furia de sus hijas. Normalmente perdonaban a la raza de los hombres pequeños, pero esta vez olvidaron esa regla, y devoraron a todos; hombres mujeres y niños de toda la aldea, en un festín macabro que duró toda la noche y pintó de rojo sangre la nieve. Se dice que esa día se extinguió la raza de los hombres pequeños, y ellas atesoraron los huesos como trofeo y recuerdo nefasto, de que jamás sea tocado algo que les pertenezca.
Ella tenía fija su mirada en el joven leñador, con una mirada escudriñadora, examinándolo de pies a cabeza. El sabía que si se levantaba del suelo y corría, ella lo alcanzaría y sería otra víctima más. Ella bajó de la piedra, de un brinco, y se acercó caminando de puntillas hacia él, que se continuaba boca abajo, cada vez más pálido. Extendió su mano hacia el rostro de asustado tipo, le acarició suavemente la mejilla izquierda, y de inmediato le agarró de los cabellos alzándole la mirada hacia ella. Él no quería abrir los ojos, pero al hacerlo vio uno de los rostros más preciosos que había visto en su vida, con una mirada seria y unos ojos azules que lo estudiaban detalle a detalle. Sacó su lengua y la pasó por su cara y cerró los ojos esbozando una sonrisa placentera, le excitaba el miedo de su prisionero.
De repente como un rayo recordó su preciada hada, donde estaría. Tenía que escapar, buscarla, a costa incluso de su vida. La cazadora lo rodeó con pasos de puntillas, y se sentó en su roca sin perderle la vista. Como un rayo el joven se levantó del piso y en un arranque de valentía emprendió una veloz carrera adentrándose en la maleza sin mirar atrás. Ella se incorporó lentamente, sacó la lanza del cuello de la harpía preparándose para su cacería, y le dio varios metros de ventaja hasta empezar a correr lentamente hacia espesor del bosque. La tarde empezaba a caer y las sombras lentamente se apoderaban de ese universo verde.