jueves, 24 de marzo de 2016

La Danzarina y el Girasol - Capitulo 6

Siempre decía que el camino a casa era la tortura mas dulce, y aunque siempre llevaba consigo una historia nueva, una aventura fantástica o una cicatriz mas encima, prefería escuchar a su dueña sus malabares en su quehacer cotidiano, en su aventura diaria de mantenerse en pie.
Llevaba esta vez consigo leña para su hogar, y un par de aprendizajes que se le olvidarían en el camino. Había llegado la noche y una niebla espesa descendió sobre su camino. Al volver su vista hacia atrás, divisó a lo lejos el girasol en la copa del árbol. Volvería la noche siguiente. Aún se intrigaba en como una pequeña hada huía de un ser tan aberrante. El verla así con las heridas en la espalda lo transportaron al pasado cuando se topó con una imagen similar.
Viajó a su hogar y lo esperaba un aroma especial que lo enamoraba cada día. Su compañera lo abordó al entrar y empezó a contarle su día. Mientras el comía, seguía recordando cuando la vio por primera vez. La vida da unos giros inesperados, que rompen la monotonía lineal de lo predecible, y la vuelven interesante.

Mientras tanto, a cientos de kilometros de la casa del hechicero, entre la maleza del bosque se encontraba un leñador, joven y corpulento, que tenía por costumbre salir a cortar leña en la noche, cuando la luna le alumbraba. Estaba convencido que durante las noches de luna las bestias cazadoras estaban en su desenfrenado apareamiento y se olvidaban de la sangre, al menos de la humana. Adentrándose más en la profundidad de la niebla, su teoría se vio derrumbada cuando un gran felino lo observaba desde un árbol. Antes que pudiera reaccionar, este le salto encima hiriéndole en el brazo y tumbándolo por una ladera. 
Mientras caía logro desatarse del felino empujándolo contra una rocas donde se reventó estrepitosamente. Cuando dejo de rodar, el leñador chocó contra un cadáver de un ente espantoso destrozado con varios troncos incrustados en sus despojos. El susto fue tanto que se levanto estrepitosamente aterrado, topándose de espaldas contra un árbol precioso. Divisó hacia arriba y vió un girasol, lo que le llamó su atención mucho mas que el cadáver de un ente, o de su herida leve en el brazo. Lo rodeó, lo tocó y se alegró de que su suerte haya tomado un rumbo favorable, después de todo, no siempre se sobrevive a un ataque así y mejor aun, no se encuentra un árbol tan perfecto. Se aplicó un torniquete en el brazo, desenfundó su hacha de su bolso y empezó a trabajar feliz. Y así fue que le tomo la madrugada hasta el amanecer hasta que habiendo cortado el tronco, el árbol cayó pesadamente junto a los primeros rayos del sol, terminando de aplastar el cadáver del ente, y mostrando una nueva sorpresa para el joven. 


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